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Hace tiempo mi maestro dejó caer esa frase a cuenta de una historia que le conté: “como no sabíamos que era imposible, lo hicimos”. Se me quedó grabada en la mente, alojada en el rincón en el que guardo las cosas importantes.

Ayer tocó salida por uno de mis recorridos de control, es uno de esos por los que he rodado tanto que hace ya tiempo se convirtió en un medidor de mi estado de forma y de mi evolución. Durante la hora en la que estuve entrenando, mientras veía los ritmos por kilómetro, me dediqué a reflexionar sobre mis inicios y sobre la capacidad de aguantar el sufrimiento.

Allá por mayo de este año participé en mi primera popular, cinco mil metros. Con la inconsciencia de un niño pequeño disputé esa carrera sin tener ni idea de lo que podía hacer y con una tendinitis en el tibial posterior de la pierna derecha. Hice 23′ y pico. Estaba encantado pero no me pareció nada del otro mundo, di por hecho que aquello era algo normal.

Hoy, pasado el tiempo, con unas cuantas carreras más a las espaldas, muchos entrenamientos y más experiencia, me doy cuenta del verdadero valor de aquellas primeras carreras. Aquellos ritmos para mi estado físico rondaban el límite del sufrimiento y el esfuerzo que mi cuerpo podía aguantar, pero yo no era verdaderamente consciente de ello. Seguramente si hoy tuviera que aplicar ese mismo nivel de desempeño me costaría porque me parecería imposible.

Es increíble como cuando la mente no limita la capacidad de una persona, ésta, es capaz de hacer cosas inimaginables. El nivel de resistencia a las dificultades que tenía entonces era infinito porque realmente no sabía que estaba haciendo algo “imposible”. Hoy, quizá más acomodado, en ocasiones me echo para atrás pensando que he alcanzado mi límite. De repente hay barreras en mi camino… barreas que he montado yo solo con los ladrillos de mi inseguridad. Estoy poniendo topes a mi progresión porque la palabra imposible está eclipsando esa pequeña inconsciencia infantil que me hacía darlo todo.

Ayer rodando, rebajé casi 15″ por km mis tiempos en este recorrido de 13 km y no me podía quitar de la cabeza la idea de que no estoy para participar en la carrera de Aranjuez. Es tan absurdo… que mi mente piensa que no podré mejorar mis tiempos en competición cuando todos mis tiempos en entreno han bajado, mi nivel físico ha aumentado y tengo mucha más experiencia. La diferencia es que antes daba igual si algo era o no difícil porque no sabía lo que estaba haciendo, ahora… soy yo mismo el que se limita.

Después del entreno, después de los miedos y las inseguridades, en esos días en los que uno esconde la cabeza debajo del ala… reflexionando… me di cuenta de este error que ahora comparto con vosotros. Durante años mi firma en todos los foros en los que he participado era “Justifica tus limitaciones y ciertamente las tendrás”. Esta frase era un anti-”imposibles” que siempre me ha acompañado. Si uno mismo se cree incapaz de lograr algo ya parte con más de la mitad de posibilidades de fracasar, y ese es un desperdicio que no voy a permitirme.

Quiero volver a entrenar y a competir con la libertad de la inconsciencia, ese es mi propósito.

Quiero dedicar esta entrada a mi maestro, por su apoyo, por su confianza en mi y por enseñarme que los límites están para romperlos. Nunca habría llegado a estar lo orgulloso que estoy de mi hoy en día si él no me hubiera enseñado, corregido y animado cuando lo he necesitado. Gracias por ayudarme a crecer, Doc.

El Desafío

Llevaba un tiempo sin escribir porque durante esta última fase me he dedicado a reiniciar mi preparación retomando buenas costumbres y metiendo mucha base. Pasado un tiempo mis rodajes de base son cada vez más largos y más cómodos, necesito menos pulsaciones para ir más rápido, casi nunca me duele nada y todo es de color de rosa, incluso hay días que sé a qué huelen las nubes.

Conformarme con esto no sería una mala opción, pero… sucede que yo no me suelo conformar nunca y es el momento de dar un giro más a la llave que abre las puertas de quién sabe qué. Dicho de otra forma… comienza la primera fase en la que realmente pretendo ser más rápido.

Digamos que la coordinación y la psicomotricidad son dos conceptos tan desconocidos para mi como el lenguaje de las ballenas, vamos que tengo más proximidad genética con un pato que con una gacela.

El reto tiene su orígen principalmente en la próxima carrera Villa de Aranjuez. Se dan todos los requisitos necesarios para hacer buena marca y ya me toca dejar atrás mis lastimeros 45′ para recorrer 10 km conseguidos en Torrijos. Esta vez mi deseo y mi intención es lograr algo más meritorio.

Para ello toca variar un poco el método, dejar a un lado mis adorados entrenamientos de volumen y mis preciadas series extensivas. Ahora tengo por delante dos semanas en las que la prioridad es del ritmo y en las que deben salir los caballos que he estado alimentando, para después dejar una semana de descarga antes de la prueba.

Vamos a ver si después de tanta palabrería, tanto entrenamiento y tanta historia soy capaz de darle candela al asunto y me acerco a ritmos a los que nunca soñé llegar cuando abri este blog.

Esta carrera es muy especial. Va muchisima gente que conozco y todos con ganas de hacer un buen papel, un sitio precioso, buen ambiente y las fiestas de navidad encima… me apetece!!

Como las condiciones van a cambiar un poco incidiré más en estos entrenamientos de lo que normalmente hago, gloria o derrota… lo vais a ver a la vez que yo…

Lo que nos hace fondistas no es correr durante mucho tiempo, ni correr largas distancias. Lo que nos hace ser fondistas es hacerlo superando las barreras de lo físico, de lo mental o de lo ambiental. Cuando cualquier persona normal pararía… nosotros corremos.

Hoy ha sido mi primer rodaje de media distancia desde hace meses, en mi territorio, ese que tantas veces me ha visto pasar arrastrando con una cuerda invisible mi ilusión y mis ganas de superarme. Han sido 14 km con las condiciones ambientales más duras que he corrido nunca. Ya nada más salir he notado que el viento no era normal. No obstante son pocas las veces que puedo rodar en ruta, un buen rodaje y con luz asi que no iba a desperciciar la ocasión.

Los primeros ochos kilómetros han sido llevaderos, incluso cómodos, durante breves momentos el viento venía de espalda, el terreno es llano. Ha sido pasado el ocho, cuando un cambio de rumbo me ha hecho encontrarme con el enemigo.

El terreno sube con poca inclinación pero durante buena parte de los seis kilómeros restantes. En la primera mitad el viento pegaba de costado, tanto que me desplazaba hacia la derecha hasta casi sacarme del camino, he tenido que correr dejando caer el cuerpo para hacer contrapeso.

Con el último cambio de rumbo la batalla ha sido a muerte, viento de cara. Increible, me echaba para atrás, seguramente costaría hasta andar, asi que he agachado la cabeza, he apretado y he aguantado. Me ha resultado realmente duro, he notado como tenía que meter mucha fuerza en la zancada para no frenarme.

En el último kilómetro se me presentaban dos opciones, llano y cuesta. Lo fácil habría sido optar por el llano pero no creo que se vuelvan a dar una condiciones tan duras para hacer ese tramo en subida… ya sabéis por dónde he tirado… cuesta.

Al final y pese a todo, 14 km clavado en el ritmo promedio objetivo, en la zona cardiaca deseada. Hoy es de esos días que acabas y te puedes decir con razón “nene, los tienes cuadrados”

Me apasiona este deporte…

Hoy ha sido de esos días que arrancas mal. Las piernas duras como el granito y nada de feeling. Estos últimos dos meses he estado lejos de entrenar como me gusta por unas razones o por otras y siento, de una forma quizá algo irreal, que he perdido un poco de ajuste.

Aun así he dejado que mi cuerpo y mi mente se relajaran y yo me he limitado a acompañar sin molestar. En estas, bajo la luz de la luna que tan mágica luce cuando está llena, he sentido como empiezo a dejar de ser cachorro en esto de correr. No tengo prisa, identifico las sensaciones, las molestias, los días buenos y los malos, y sé cómo actuar en cada caso.

Mientras trotaba, en el confesionario de mis pensamientos he entrado en contacto con alguna pequeña verdad de la vida. Siento que en el running, como en el resto de las cosas, una de las claves es aplicar la serenidad y la experiencia que te van dando los años con la intensidad y la ilusión de un chaval que empieza a afrontar sus primeros retos.

Así he enfocado el entrenamiento de hoy. Leyendo los momentos: paciente ante el dolor, prudente ante los riesgos y pasional cuando las cuerdas estaban afinadas. Seguramente no ha sido mi mejor entrenamiento, seguro que estoy lejos de estar fino, pero también es seguro que hoy he hecho el mejor entrenamiento que podía hacer y por eso ha sido un gran entrenamiento.

En días como hoy recuerdo un historieta que oí un día. En ella un joven discípulo de cierto arte oriental que no recuerdo, preguntaba a su maestro:

- Maestro, si entreno seis horas al día, cuánto tardaré en alcanzar la maestría?
- Si entrenas seis horas al día, joven discípulo, alcanzarás la maestría en diez años – contestó el maestro
- Maestro, y si entreno doce horas al día? – preguntó ilusionado el discípulo.
- Entonces, pequeño aprendiz, alcanzarás la maestría en veinte años.

Esto traducido en refrán castellano viene a decir “quién mucho abarca poco aprieta”. Hay que saber marcar los tiempos y adaptarse a las circunstancias, saber esperar y trabajar duro hasta dónde se puede. Es un hecho que en este deporte el trabajo constante es la semilla de los grandes frutos.

Hoy a tocado sembrar, ya tocará disfrutar de los frutos.

Sábado por la tarde. Los nervios frustran mi leve intento de disfrutar de una breve siesta para ir bien descansado a la carrera. Gebre está al llegar y quiero ir a recibirle para facilitar su llegada al hotel. Neo ya rondaba por Toledo desde la mañana. Para matar el tiempo callejeo por la ciudad. La ciudad callejea por mi venas.

Toledo tiene la facultad de herirme de vida con sentimientos que me alborotan. No puedo pisar sus calles sin que miles de centelleantes sensaciones invadan mi cuerpo y mi mente. Esta pequeña ciudad de corazón pétreo me enamora y me gobierna. Nunca opondré resistencia.

Pronto llega Gebre, voy a su encuentro y aun sin bajar del coche noto que algo es especial. Desde ese momento tengo la sensación de recibir a un amigo al que hace tiempo que no veo. Todo es natural, no pienso, actúo como me sale del alma y me siento orgulloso de tener a estas cuatro personitas a mi resguardo. Estoy feliz de que hayan venido, estoy loco por ver a Neo y me acuerdo de Migmac y de David, especialmente del grandullón.

Nos aproximamos a la plaza del Ayuntamiento y la música suena con fuerza, veo los arcos de meta, los dorsales, la gente… y me enciendo. Dejo a Gebre en el hotel, y me encuentro con Neo, mi gran amigo. Le saludo y consigo un dorsal. Sin dar tiempo a más salgo corriendo vestido de calle hacia el parking para vestirme de corto. En las cuestas esprinto. Estoy eufórico.

Me cambio en el parking y vuelvo a la zona de acción. Calentamos y nos ponemos en la fila, durante la espera observo la catedral iluminada. Se me ponen los pelos de punta.

Esta vez peco de modesto y me pongo demasiado atrás. O visto de otra forma, unos cuantos han pecado de pretenciosos o de inconscientes y se han puesto delante. Los primeros quinientos metros en subida son odiosos, me cuesta horrores adelantar. Demasiada gente va de pachanga, incluso de paseo. Me abro paso como puedo y va pasando lo peor.

A partir de ahi, subidas, bajadas, curvas y contracurvas, de noche, estrecheces, adoquines y magia… la carrera restalla por las calles como un latigazo. No miro los parciales, me da igual. Disfruto de cada metro cabalgando sobre el borde de mis posibilidades pero sin dejarme la vida.

Después de jugar a los laberintos durante un buen rato nos vamos acercando a la meta y hay mucha animación popular. Me encanta, lo agradezco y me emociona.

Últimos metros, última subida y voy feliz. Todo ha salido genial. Tomo aire, busco agua y la voz de mi mujer se me cuelga del cuello como una medalla de vencedor. Es la primera vez que puede venir a verme y está con mi niño. Por un momento sujeto las emociones, suspiro. Acabó la carrera.

A partir de ahi… la guinda del postre. Una maravillosa velada en familia, con los trotones jugando juntos, buena conversación, buena comida, grandes amigos y el regusto en el paladar de haber vivido algo especial con gente especial y el deseo ardiente de repetir. Sólo nos faltó “la Pili” cagoenlamarsalá!

Ah…. el crono… se me olvidaba… 24′20”…

Por estas fechas hace un año decidí que mi vida tenía que cambiar. Por entonces yo pesaba 22kg más que ahora. Era inmenso. Ir a comprar ropa era sufrir. Mirarme en el espejo era sufrir. Pensar que los demás me miraban y se rían era sufrir. Y no por el hecho en sí de estar gordo, sino porque yo no aceptaba esa ralidad. No la aceptaba porque llegué a ese punto por dejadez, por abandono. Mi espalda no paraba de dolerme, sudaba con respirar, la grasa rebosaba por cada pliegue de mi piel. Era un martirio para mi mente ser consciente lo que yo mismo me había hecho.

El problema es que a pesar de que tengo una gran fuerza de voluntad no me veía capaz de solucionarlo. Sabía el esfuerzo y el sacrificio que supondría salir de ahi y no estaba seguro de ser capaz de conseguirlo. Pensaba en la dieta, en el ejercicio… me sentía encarcelado en una prisión con mil puertas. Sabía que costaría horrores abrir cada una de ellas… y que detrás de una vendría otra, y otra, y otra…

Por estas fechas hace un año… tomé una decisión. Aquello acabaría. Costara lo que costara.

Me puese a dieta, empecé a quemar algo de grasa con la bici estática, correr me habría destrozado las articulaciones. Poco a poco fui esforzándome más y más. Sin pensar si iba hacia el norte o hacia el sur, si estaba avanzando o no. Y un día… decidí salir a correr.

Fue una mañana de octubre. Hacía mucho frío. Salí con unas viejas zapatillas que ni por asomo valían para correr. Unos pantalones de chandal de algodón que se empaparon de sudor hasta pesar un kilo, y una sudadera de algodón, negra.

Realicé el mayor esfuerzo que por entonces recordaba para dar cuatro vueltas a mi urbanización. A penas 4,5 kilómetros en cerca de 35 minutos. El corazón se me salía por la boca y me sentía el tio más ridículo del mundo. Afortunadamente a esas horas de la mañana cualquier posible espectador estaría durmiendo.

Los dolores me martirizaron durante todo el día, había sometido a mis músculos a un esfuerzo titánico para ellos, que su mayor actividad era bajarse del coche para ir a una silla o a un sofá. Reconozco que dudé.

El día siguiente no fue mejor. No tenía ni idea de lo que hacía. Solo corría. Era duro. Pero algo estaba pasando en mi mente y en mi cuerpo. Continué, uno tras otro, dando mis agonizantes cuatro vueltas a la urbanización. Hasta que un día no pude salir y lo eché en falta. A lo lejos, en mi mente… oí como se habría la puerta más difícil de abrir de la prisión… ahora, tenía la voluntad y las herramientas para lograr mis objetivos… y empezaba a disfrutar del reto.

Pasaron los días. Cree nuevos hábitos. La dieta empezo a dejar de ser dieta y se convirtió en costumbre, la carrera dejó de ser un martirio y se convirtió en un atisbo de placer.

Pasaron tres meses y llegó diciembre. Entonces abrí este blog. No sabía muy bien con qué fin. No sabía si duraría más de unos cuantos relatos… El running era ya un vicio. Un estilo de vida. Salía a correr porque me hacía sentir vivo, porque me recargaba de energía… y poco a poco, sin darme cuenta… probé las populares y sentí como todas aquellas puertas que había abierto se cerraron de un portazo… ya nunca volvería a aquél lugar del que salí.

No ha sido fácil, ni mucho menos. Han sido muchos días de sacrificio. Aun soy un corredor mediocre y tengo mucho que mejorar en muchos aspectos… pero… comienza un nuevo año para mi y nada me va a alejar de mis objetivos.

Escribo para mi, para recordarme lo que he conseguido. Y escribo esto para ti que estás como yo estaba, algo mejor o algo peor, en un aspecto de la vida o en otro. Para que si necesitas un pequeño empujón para lanzarte, en esto, o en cualquier otra cosa… te lances.

La vida es para quién la disfruta, el éxito es para quién lo pelea. Agárrate a ti mismo, eres lo más valioso que tienes, y tírate al vacío de la superación. Puedes conseguir cualquier cosa en la que creas con todas tus fuerzas. Si lo haces… nunca te arrepentirás.

Ánimo, valiente.

Vale… el título engaña. No voy a hablar de ninguna técnica para estirar con la mente y ahorrase la minutada de estiramientos de rigor… cachis… hay que estirar hombre!! que le vamos a hacer… no todo iba a ser divertido en este deporte… :)

Escribo esta entrada para materializar de alguna manera una reflexión que llevo algún tiempo rondando en la cabeza. Desde hace algunos meses vengo entrenando con continuidad y con cierto metodismo y la verdad es que voy obteniendo resultados. Poco a poco. Físicamente evoluciono, me siento más fuerte, más resistente… casi cualquier tipo de entrenamiento es un placer, a pesar del sacrificio inherente a este negocio.

No obstante tengo que volver a hacer hincapié en el factor mental del running. La mente, como el cuerpo se puede y se debe trabajar. La superación de los retos alimenta la capacidad de la mente para potenciar el entrenamiento hasta el siguiente escalón.

Digo esto porque vengo observando que desde que hice la media del Bajo Pas montones de mitos, reservas y barreras desaparecieron de mi mente. Esa carrera me enseñó especialmente que uno puede ir más allá de lo que piensa si trabaja con constancia y resiste en los momentos duros. Lo que experimenté física y mentalmente en esa carrera me ha hecho encarar los entrenamientos con una confianza extraordinaria y me enseñó que puedo hacer cosas que pensaba imposibles.

Me he acordado estos días de cuando empecé a ir a populares hace nada y el miedo que tenía al ridículo, ya sabéis, lo típico de llegar el último y esas cosas. La verdad es que con cada carrera he aprendido a ver que la carrera consiste en pelear contra mi mismo, junto a los demás… he aprendido a disfrutar de los retos que supone cada carrera y a creer en mi y en mis posibilidades. Si luego no sale… habrá mil carreras más que correr.

Lo único que quiero con esto es dar un empujoncito a todos aquéllos que no se lanzan a correr una popular por miedo, vergüenza o que sé yo. En serio, participad y estiraréis vuestra mente hasta otro nivel, no ya por lo deportivo, sino por lo que una carrera aporta a niveles tan intangibles como la confianza, el compañerismo, el sacrificio…

No perdáis la oportunidad de vivir la experiencia… si lo hacéis algo cambiará en vuestra vida de corredor…

A veces una carrera es solo una carrera y otras veces es bastante más que eso. Ésta ha sido de las que representan algo especial y lo ha sido por varios motivos.

He llegado temprano y ya había buen ambiente. Según me aproximo a la plaza dónde está todo el meollo de la carrera empiezo a ver gente de la asociación, primero son pinceladas rojas y blancas entre la gente, pronto.. verdaderos brochazos de color sobre el lienzo del anonimato. Poco a poco va quedando en segundo lugar el resto de la gente y nuestro grupo empieza a palpitar. Pronto somos unos treinta, uniformados de “oficial” y otros tantos sin uniformar. De alguna forma esa calidez de lo conocido me abriga y me siento más cómodo.

Empieza el calentamiento y la mosca que traía detrás de la oreja empieza a zumbar al mi alrededor y a dejar patente en mis piernas y mis lumbares que estoy cansado. Ya lo sabía y contaba con ello. No venía a esta carrera descansado y a hacer marca, venía a hacer un buen entrenamiento de calidad, como en la pasada carrera del jueves.

No obstante, noto demasiado los tibiales y la zona lumbar. Me preocupa un poco pero confío en que un calentamiento largo pondrá las cosas en su sitio. El calentamiento impresiona, somos un grupo enorme perfectamente alineado batiendo las calles. Me voy entonando.

Comienza la carrera. Inmediatamente cada cuál busca su ritmo y como en una explosión las equipaciones rojas y blancas se difuminan. Empiezo cauto y en progresión, el primer kilómetro soy muy irregular en el ritmo, me cuesta centrarme. Dudo un momento, no sé si ir plano pero seguro o un poquito más acelerado e intentar apretar luego. Veo que un grupo de la AFT se me aleja y me decido, voy a promediar los tres primeros en 4′30″.

Alcanzo al grupo y me pongo con ellos. Pronto me doy cuenta de que esa no es mi carrera, van demasiado conservadores y aunque no voy fino quiero intentarlo. Cambio el ritmo y los dejo atrás. Pasan los tres primeros y 4′30″ ni uno más ni uno menos, clavados dónde quería.

Del tres al seis juego con el ritmo, empiezo a conocerme bien, bajo el pistón y regulo a 4′40″ ahi voy seguro y la verdad es que no voy fresco para arriesgar más. Durante esos kilómetros paso por la fase de negación. Me digo… qué estás haciendo aqui??? no habrá otra cosa que hacer un domingo que estar aqui sufriendo?? Mientras tanto, cierro esos tres kilómetros promediando entorno a 4′41″… el replicante va haciendo bien su trabajo.

A estas alturas se presenta el cartel del siete… no voy mal… decido darle un poquito de brío y meto el siete en 4′29″. A estas alturas he cobrado algunas piezas.

Llega el ocho… la carrera quiere jugar conmigo y se disfraza de trencilla desatada. Indeseable, inoportuna. La maldigo. No me lo quiero creer pero cruza una y otra vez delante de mis ojos. Queda demasiado para ir de esa manera, paro y mientras la alto grito tres palabras que me llenan la boca.

Retomo la marcha, el parón se me ha clavado en las piernas como un puñal… en la cabeza como una bomba… intento estar sereno pero se me escapa unos segundos el parcial. Cuatrocientos metros más lejos… el tintineo de la sonrisa del destino retumba en mis oidos… la maldita trencilla se vuelve a soltar. No tardo ni un momento en decidir que no voy a parar. El episodio del 8 y del 9 se salda con casi 20″ de penalización, pero me queda el 10.

Aqui, con la trencilla dando tumbos, con la paliza de la carrera… miro el promedio y me doy por satisfecho por un momento, solo tengo que manter el ritmo por debajo de 5′ y habré hecho un digno papel. En esta batalla estaba cuando me pasó por la mente grantito… me prohibió acabar por encima de 46′ y de alguna forma íntima, en apenas un par de segundos, sonrio por dentro y pienso que se lo voy a dedicar. Abro la zancada, engraso los muelles y empiezo a pasar a gente.

Voy con poca gasolina pero es sólo un kilómetro… aprieto los dientes, resoplo como un caballo agotado y meto el último en 4′06″ los últimos trescientos, muy virados en 1′12″… mi final va mejorando.

Paso la meta, deben haber sido 45′43″ aproximadamente, pienso… espero que  Roberto esté contento… resoplo y me siento feliz.

Cróniquita rápida.

Empieza la carrera. La gente sale a toda leche. Primer km, chilla el fore y me dice 4′12″ y he dicho yo…. soooooooo… que no hemos venido a esto. He bajado el ritmo, he puesto marcheta de seguridad y al tran tran. Estoy malo, el domingo tengo un 10k en el que me quiero exprimir, no era cuestión de pasarse de vueltas.

El circuito es incómodo, o estás bajando de la leche o estás subiendo del copón, no te deja pillar buen ritmo y aun asi voy jugando con el 4′30″ con mucha comodidad. De piernas… sobradisimo. He notado que empiezo a bajar mucho mejor, aunque aun me falta. En las subidas como siempre, cogiendo presas.

Tanto he reservado que solo me he metido en zona anaeróbica en los ultimos 300 metros, el resto, clavado en zona de potencia. Los ultimos 300 sobre 3′30″ sprintando en la meta.

Al final 5km en 22′25″, mejorando el 23′43″ de Alcorcón y esa era llana, llana. Sensaciones de sub 22′ fácil.

Un buen entrenamiento de potencia, para llevar sin continuidad más de tres semanas y estando gripado… contento.

PD.- Supongo que el tiempo de la organización será más lento porque el método de “conteo” era hacer cola después de la meta para dar el dorsal y pincharlo en un clavo… total, minuto y medio haciendo cola.

Nuevos Tiempos

Una  de las cosas que más me gustan del running es que cada día tienes una nueva oportunidad. Da igual si un día has entrenado o mal, o incluso, en el peor de los casos que varios meses de trabajo hayan culminado en una carrera que no ha salido todo lo bien que esperabas. El día siguiente tienes la oportunindad de empezar de nuevo pero esta vez con kilómetros de experiencia en las piernas y en la mente.

Será quizá mi tendencia al renacimiento… es lo que tenemos los pájaros como yo. Después de un par de meses preparando el Bajo Pas y habiendo acabado muy orgulloso de la gesta, el running me regala cientos de nuevos retos disfrazados de carreras los cuales no dejaré pasar.

Ha llegado septiembre y las posibilidades florecen: diez miles, cinco miles, medias, carreras de pueblos en fiestas… la lista es infinita. Hay días que incluso te ves tentado de hacer dobletes. Empieza la temporada y no te quieres perder nada, es una ilusión que te empuja a echarte a la calle a entrenar y a pegarte con el asfalto hasta derrotarlo día trás día.

Cada carrera es una oportunidad de encontrarte con amigos, de probarte, de divertirte… de sacarle el jugo a este deporte de locos que es el running. Es algo que te fluye por las entrañas, te motiva, te empuja a romper los límites…

Pasados estos días de reposo paladeando los últimos sabores del Bajo Pas, el running me regala una nueva etapa de ilusión y superación. Ya he pasado por una primera y larga etapa de base y ahora quiero navegar por el mapa de mi capacidad buscando nuevas tierras por descubiren busca de los límites de este ócenao.

Si eres un corredor principiante, si no has participado en una popular nunca… hazlo… no te preguntes si serás capaz, no te preguntes si lo harás en un tiempo o en otro… busca una carrera que te mitive, haz una marca en el calendario y correla. Si participas y  llevas un runner dentro… destrozará el envoltorio de tu piel y ya no podrás dejar de correr. Ánimo valiente!!

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