Especialmente cuando las circunstancias no son favorables entrenando como me sucede ahora, arrastrando kilos de más, falta de forma, etc… es fácil que el cuerpo diga “noooooooo, nooooooo, noooooooo….”
Hace una entrada hablaba de los 22′. Lo que intentaba explicar no tiene que ver con el entrenamiento ni nada parecido, realmente tiene que ver con la mente. Los 22′ son sólo un reclamo para nuestra mente. La cuestión es fijar un objetivo razonable y alcanzable con el esfuerzo justo. Según la necesidad de esfuerzo va disminuyendo vamos aumentando el objetivo y de esa forma las cosas van funcionando. A menudo fijar mal el objetivo o graduar mal el esfuerzo es lo que ocasiona los problemas. Claro que es difícil medir porque siempre tendemos a realizar los cálculos con todo menos con la razón, pero ese es otro tema.
El caso. Después de varias sesiones de 23-24 minutos me encontraba bien para cambiar el método por un día.
Lo que hice fue correr 18′, es fácil cuando ya corres 24′. Camine unos metros soltando las piernas y la espalda. Lo siguiente fue correr 9′, la mitad que antes. Después de esos 9′ reposé unos metros y corrí 4’5 minutos… y así consecutivamente. Si mantienes la intensidad del entreno, cada tramo, al ser más corto resulta más fácil de correr que el anterior. Es la mente la que trabaja aquí y dice… “acabo de correr 18′ que es menos de lo que corro normalmente, 9′ más es algo totalmente manejable!!)
El resultado es que jugando a hacer mitades corrí 44′ con una sensación de esfuerzo menor. Esto podría parecerse a “correr/caminar” pero hay un matiz, aqui no corremos y cuando no podemos más caminamos, caminamos porque queremos y en un momento en el que somos conscientes de que podriamos seguir. El efecto metal es totalmente opuesto, en un caso “fracasamos” o cedemos porque no podemos más, en el otro tenemos “el control”, ganamos confianza. Además, cuando te toca una fase de 4′ te dices…. “4′???? no voy a ser capaz yo de correr 4′ si normalmente corro 24′ veeeeeeeenga hombre”.
Un detalle importante es hacer las fases con una intensidad manejable, un piñón por debajo de lo que podemos ir normalmente, no hay que olvidar que aunque un poco encubierto estamos haciendo un aumento de volumen y no debemos hacerlo a la misma intensidad que un entreno normal para evitar riesgos. No hay que enfriarse, la pausa es solo para refrescar la mente y solo muy ligeramente el cuerpo.
La clave no es metodológica, no es cuestión de hacer los cortes como un método de entreno en si, se trata de adiestrar a la mente para afrontar el esfuerzo que tiene que hacer sin pensar en el esfuerzo que ha hecho antes ni en el esfuerzo que tendrá que hacer después. Sólo debe concentrarse en el esfuerzo que tiene que hacer AHORA.
Si os dáis cuenta es una metodología muy parecida a cuando se hacen series, se divide un esfuerzo grande que no podemos afrontar en pequeñas cantidades de esfuerzo manejables. Como en otras ocasiones el running te recuerda lecciones que deberias llevar a la vida, los grandes problemas siempre se pueden dividir en pequeños problemas más fáciles de gestionar.