Nota: todas las personas que cito son compañeros de foroatletismo.com
El día empieza a las siete de la mañana con un abundante desayuno y dos horas de charleta con el Forres mientras veíamos las motos tirados en el sofá. A las nueve… clavamos los dorsales en las equipaciones y nos vamos a buscar al grupo que está en el hotel charlando con otros atletas. Todos juntos nos acercamos a la meta y empezamos a calentar. Estoy muy inquieto. Tengo ganas de que todo empiece cuanto antes, empiezo a ver el ambiente y se me acelera el pulso.
Antes de salir las cartas estaban sobre la mesa, Álvaro, Andreu y Forres iban a salir fuertes. Ni siquiera los vi en la salida. Bego y yo saldríamos controlados y constantes. Grantito y Japanblue en la retaguardia.
Comienza la carrera. El grupo se estira rápidamente, hacemos el primer km en 5′14” como habíamos pactado, controlados y con calma. Tengo un cosquilleo especial por ir con Bego, me hace mucha ilusión y confío en que la dupla dure el mayor tiempo posible. Apenas enganchamos el kilómetro dos y adelantamos a un corredor cuyo jadeo llegó a asustarme, iba totalmente afixiado. Pensé… mira… mejor que este si que voy.
A partir de aquí no nos separamos ni un metro. Comenzamos a adelantar corredores y ponemos un ritmo de entre 4′55” y 5′ que vamos a manter durante gran parte de la carrera. Estos diez primeros kilómetros son probablemente los mejores de mi vida, acompañado, tirando juntos Bego y yo parecemos un solo corredor. Voy cantando los kilómetros y todo va según lo previsto, aun asi, Bego desconfía y desde el cuatro empieza a decirme que tire. Yo no quiero, tengo fe ciega en que puede aguantar el ritmo y no quiero separarme. Vamos haciendo caer kilómetros hasta el once. Bego insiste en que tire y hago caso, estamos promediando 5′ y me voy a buscar el 4′55” de promedio general. Del once al quince son buenos kilómetros para mi, al tran tran consigo bajar el promedio al punto deseado. De vez en cuando miro hacia atrás y veo a Bego, siento un orgullo que me da una energía que no tiene precio.
En el kilómetro quince algo no cuadra. A lo lejos veo una camiseta verde, pantalón rojo… no puede ser. Alguien de los nuestros está cayendo pero no distingo quién es. Mantengo el ritmo y según me voy aproximando veo que es Forres. No me lo creo. Le alcanzo, le miro… “mira que pinchazo más wapo llevo…” me dice.. su cara lo decía todo… el guerrero sin espada y atado de manos. Durante unos momentos pienso si quedarme con él o tirar, le tanteo y veo que va destrozado. Estoy bajando a 5′20” y no me sigue asi que decido tirar, vuelvo a sub 5′ empiezan las complicaciones. Al llegar aquí ya sabía que iba a quedar con el plan B, no sentía que pudiera cambiar de ritmo, todo lo contrario.
Es la primera vez que corro una popular y me siento parte de un equipo. Ver las camisetas verdes dispara un sentimiento de identidad, tengo a uno de los mios cayendo, otro aguantando… delante dos jabatos y detrás los guardianes de filas. Es un sentimiento de equipo. Somos un equipo.
El kilómetro16 me da un aviso serio, empiezan a aparecer algunas rampas. Tengo las piernas como si fuera un chaval de dieciocho años haciendo un mil, no tengo ningún dolor, tengo una buena sensación de potencia, me noto fuerte, pero.. como cuando es la hora del cierre… la música se vuelve lenta y se van apagando las luces. No me llega energía para aguantar. Las leves subidas me empiezan a pasar factura, caigo a 5′10”. Bego me alcanza, me mira… “vamos brother”… va fresca, tiene mecha… “pincho sister, voy al límite” le digo… “voy a tirar” me dice con ilusión… “tira, tira…”
Aguanto. El dieciocho me cae como una losa y pienso… “como este… otros tres”… voy con las piernas fuertes pero la caja no da para más, llevo muchos kilómetros en medias de fc anaerobicas y el sacrificio es grande y empieza a hacer un calor que no supe distinguir hasta después de la carrera. Estos últimos kilómetros son más duros de la esperado. Hasta que llega el veinte…
El veinte se convierte en una conversación con la rendición, que se ha puesto a mi altura y me pregunta si me voy con ella. Tiene agua y sombra, me ofrece descanso… yo no quiero mirarla a los ojos… mientras… una cuesta infernal me destroza, me meto en 190 ppm y no tengo más gas, estoy vacío… mi corazón va veinte metro por delante de mi. Noto como mi energía desaparece y caigo a 5′40”. Mientras todo se me venía abajo… busqué la serenidad para poder hablarme y oirme. Me dije lo más alto que puede, no te vas a rendir, no has venido aquí a rendirte. Es un kilómetro, son cinco minutos de sacrificio que tienes que entregar como pago por ser tan afortunado de poder disfrutar con esto.
No sé de donde salen las fuerzas pero aprieto los dientes y me entrego, veo a Bego delante mia, apenas está a unos cientos de metros. Aprieto y vuelvo a bajar el kilómetro por debajo de 5′20”. Este kilómetro es interminable, dónde está la meta?? Volemos a girar y no la veo!! Dónde está la maldita meta!!
Varios giros después veo el arco, veo camisetas verdes al otro lado de la meta… suelto la última energía y acabo al recta por debajo de 5′. 1h47′10” según mi crono. Busco precipitadamente la mesa de las bebidas, he llegado justo justo y necesito reponer.
Pronto aparece Bego, me felicita y me pregunta como me siento. Miro a su ojos claros y se me ponen los pelos de punta. Siento una felicidad que ronda lo irreal, estoy orgulloso de lo que he hecho, estoy orgulloso de haber dado todo lo que tenía y de haber resistido, aun así estoy muy cansado. Bego lo lee en mis ojos y me lleva a por fruta, yo la sigo como un gatito en busca de alimento.
Mi primera media durante un fin de semana incomparable, con gente única, un buen tiempo para un debut y lo más importante de todo… no habían pasado cinco minutos y sentía el ansia de buscar otra carrera. Lejos de ser un sacrificio inhumano que olvidar, me sentía tan realizado, tan fuerte, y tan vivo que este deporte se ha infiltrado en mis venas más que nunca.