Hace tiempo mi maestro dejó caer esa frase a cuenta de una historia que le conté: “como no sabíamos que era imposible, lo hicimos”. Se me quedó grabada en la mente, alojada en el rincón en el que guardo las cosas importantes.
Ayer tocó salida por uno de mis recorridos de control, es uno de esos por los que he rodado tanto que hace ya tiempo se convirtió en un medidor de mi estado de forma y de mi evolución. Durante la hora en la que estuve entrenando, mientras veía los ritmos por kilómetro, me dediqué a reflexionar sobre mis inicios y sobre la capacidad de aguantar el sufrimiento.
Allá por mayo de este año participé en mi primera popular, cinco mil metros. Con la inconsciencia de un niño pequeño disputé esa carrera sin tener ni idea de lo que podía hacer y con una tendinitis en el tibial posterior de la pierna derecha. Hice 23′ y pico. Estaba encantado pero no me pareció nada del otro mundo, di por hecho que aquello era algo normal.
Hoy, pasado el tiempo, con unas cuantas carreras más a las espaldas, muchos entrenamientos y más experiencia, me doy cuenta del verdadero valor de aquellas primeras carreras. Aquellos ritmos para mi estado físico rondaban el límite del sufrimiento y el esfuerzo que mi cuerpo podía aguantar, pero yo no era verdaderamente consciente de ello. Seguramente si hoy tuviera que aplicar ese mismo nivel de desempeño me costaría porque me parecería imposible.
Es increíble como cuando la mente no limita la capacidad de una persona, ésta, es capaz de hacer cosas inimaginables. El nivel de resistencia a las dificultades que tenía entonces era infinito porque realmente no sabía que estaba haciendo algo “imposible”. Hoy, quizá más acomodado, en ocasiones me echo para atrás pensando que he alcanzado mi límite. De repente hay barreras en mi camino… barreas que he montado yo solo con los ladrillos de mi inseguridad. Estoy poniendo topes a mi progresión porque la palabra imposible está eclipsando esa pequeña inconsciencia infantil que me hacía darlo todo.
Ayer rodando, rebajé casi 15″ por km mis tiempos en este recorrido de 13 km y no me podía quitar de la cabeza la idea de que no estoy para participar en la carrera de Aranjuez. Es tan absurdo… que mi mente piensa que no podré mejorar mis tiempos en competición cuando todos mis tiempos en entreno han bajado, mi nivel físico ha aumentado y tengo mucha más experiencia. La diferencia es que antes daba igual si algo era o no difícil porque no sabía lo que estaba haciendo, ahora… soy yo mismo el que se limita.
Después del entreno, después de los miedos y las inseguridades, en esos días en los que uno esconde la cabeza debajo del ala… reflexionando… me di cuenta de este error que ahora comparto con vosotros. Durante años mi firma en todos los foros en los que he participado era “Justifica tus limitaciones y ciertamente las tendrás”. Esta frase era un anti-”imposibles” que siempre me ha acompañado. Si uno mismo se cree incapaz de lograr algo ya parte con más de la mitad de posibilidades de fracasar, y ese es un desperdicio que no voy a permitirme.
Quiero volver a entrenar y a competir con la libertad de la inconsciencia, ese es mi propósito.
Quiero dedicar esta entrada a mi maestro, por su apoyo, por su confianza en mi y por enseñarme que los límites están para romperlos. Nunca habría llegado a estar lo orgulloso que estoy de mi hoy en día si él no me hubiera enseñado, corregido y animado cuando lo he necesitado. Gracias por ayudarme a crecer, Doc.

