Hoy ha sido de esos días que arrancas mal. Las piernas duras como el granito y nada de feeling. Estos últimos dos meses he estado lejos de entrenar como me gusta por unas razones o por otras y siento, de una forma quizá algo irreal, que he perdido un poco de ajuste.
Aun así he dejado que mi cuerpo y mi mente se relajaran y yo me he limitado a acompañar sin molestar. En estas, bajo la luz de la luna que tan mágica luce cuando está llena, he sentido como empiezo a dejar de ser cachorro en esto de correr. No tengo prisa, identifico las sensaciones, las molestias, los días buenos y los malos, y sé cómo actuar en cada caso.
Mientras trotaba, en el confesionario de mis pensamientos he entrado en contacto con alguna pequeña verdad de la vida. Siento que en el running, como en el resto de las cosas, una de las claves es aplicar la serenidad y la experiencia que te van dando los años con la intensidad y la ilusión de un chaval que empieza a afrontar sus primeros retos.
Así he enfocado el entrenamiento de hoy. Leyendo los momentos: paciente ante el dolor, prudente ante los riesgos y pasional cuando las cuerdas estaban afinadas. Seguramente no ha sido mi mejor entrenamiento, seguro que estoy lejos de estar fino, pero también es seguro que hoy he hecho el mejor entrenamiento que podía hacer y por eso ha sido un gran entrenamiento.
En días como hoy recuerdo un historieta que oí un día. En ella un joven discípulo de cierto arte oriental que no recuerdo, preguntaba a su maestro:
- Maestro, si entreno seis horas al día, cuánto tardaré en alcanzar la maestría?
- Si entrenas seis horas al día, joven discípulo, alcanzarás la maestría en diez años – contestó el maestro
- Maestro, y si entreno doce horas al día? – preguntó ilusionado el discípulo.
- Entonces, pequeño aprendiz, alcanzarás la maestría en veinte años.
Esto traducido en refrán castellano viene a decir “quién mucho abarca poco aprieta”. Hay que saber marcar los tiempos y adaptarse a las circunstancias, saber esperar y trabajar duro hasta dónde se puede. Es un hecho que en este deporte el trabajo constante es la semilla de los grandes frutos.
Hoy a tocado sembrar, ya tocará disfrutar de los frutos.



Paciencia y constancia, como dices y dicen los demás
“Seguramente no ha sido mi mejor entrenamiento, seguro que estoy lejos de estar fino, pero también es seguro que hoy he hecho el mejor entrenamiento que podía hacer y por eso ha sido un gran entrenamiento.”
Ni yo lo hubiese dicho mejor
Me siento identificado. Yo disfruto desde el fondo del pozo y veo e identifico con satisfacción como voy progresando y mejorando. Cuanto mayor es la distancia desde el fondo a la superficie más momentos como éste podrás disfrutar y más días llegarás a casa con la sensación de haber mejorado.
Bien Genio, bien¡¡¡
Amigo, has dejado de ser ese discípulo y eres ya un gran maestro.
Maestro en nuestro deporte y en el arte de las emociones. Genial!!!!!!